Acorraladas en la web.

octubre 3, 2022
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Por Dominique Campaña, Marlene Astudillo, Deborah Rendón, Danna Robayo*

Tan solo a los 13 años el cuerpo de una niña puede desarrollar su primer período menstrual. También es la primera vez en que podría experimentar su primer acercamiento al acoso sexual digital (Plan International, 2020, citado en Ecos, s. f.).

En Ecuador, los delitos como el bullying y el acoso sexual digital se incrementaron de manera dramática durante el 2020, lineado con el 30 % de aumento de consumo de pornografía infantil (menores de 18 años) desde el 2019 (Ecos, s. f.).

Este es un resumen de un reportaje completo (enlace en Referencias) que muestra con testimonios las tres etapas que atraviesa una víctima de acoso: daño mental, el tratamiento y los estragos/consecuencias. Aquí se presentan las dos primeras.

 Testimonio 1: daño mental

Años de persecución: cuando desenmascaras a tu acosador

“Una en un millón”, esa es la frase con la que Isabella Nuques identifica su historia. En el 2010, Nuques conoció a Ramiro M., un profesor de inglés del colegio donde estudiaba. Tenía apenas 16 años y él 29. Desde esa época, Matos se insinuaba hacia la estudiante, pero su relación empezó tiempo después.

En medio de su relación, Isabella comenzó a recibir peticiones específicas de él, como fotografías que, según Nuques “no eran normales” y se relacionaban con lo sexual. Aun así, ella las envió. El tiempo pasó y terminaron.

En el 2013, Ramiro creó una cuenta de Twitter en ‘Swingers’, un espacio virtual para intercambiar parejas y otro tipo de contenido sexual ilícito. En un intento de regresar con Isabella, publicó sus imágenes íntimas; según ella, en señal de sumisión ante él.

Días después, Isabella descubrió cuentas de Twitter creadas a su nombre —y otras anónimas— usando sus fotografías. Acudió a él pidiendo su ayuda, pensando que era un asunto que se había salido de sus manos. Ramiro le prometió ayudarla y persistentemente lamentó lo ocurrido.

Acostumbrada a recibir mensajes ofensivos, a ver su rostro en perfiles falsos, a recibir dick-pics (imágenes de miembros masculinos) o a leer mensajes como: “Te he visto en tal página…”, pasaron aproximadamente siete años.

Para la psicóloga Katiuska Delgado, vivir ese hostigamiento puede dañar psicológicamente a largo plazo. Generalmente, el entorno de la víctima —o esta misma— reduce la gravedad de los efectos por ser una transgresión digital. Sin embargo, insiste en que “deben marcar la diferencia y categorizarla como un delito”, ya que puede provocar, con el tiempo, intentos de suicidio, como ocurrió con una de sus pacientes.

El 3 de agosto del 2019, Isabella recibió una amenaza por WhatsApp, acompañada de un video de dos hombres masturbándose con sus fotografías y acabando en ellas.

Se armó de fuerza y, tras decidir no pedir ayuda —como solía hacerlo— a Ramiro, denunció a las autoridades. Primero fue a la Fiscalía de La Merced, pero al notar que el policía morboseaba sus imágenes, se dirigió a la Unidad de Flagrancia, frente al C. C. Alban Borja. Luego fue a la UNASE, la Dirección Nacional especializada en casos de secuestro y extorsión; con las pruebas en mano, procedieron con la búsqueda.

El martes 27 de agosto de 2019, la UNASE le entregó el celular “personal” del victimario y el otro desde donde recibió la extorsión. Nuques estaba incrédula. La policía había detenido a Ramiro M. en un delito flagrante, quien intentó destruir el celular de extorsión antes de aprehenderlo.

Para Kevin Matías, abogado con una maestría en ciberdelincuencia, el que haya sido un delito flagrante es “suerte absoluta”, ya que los tipos de delitos penales que hacen referencia al ciberacoso no cuentan con prisión preventiva. Pero, a pesar de ello, en el país se requiere que la víctima se “apersone” de su caso, contrate un abogado y colabore con la fiscalía. Sin eso, es probable que su caso no avance o incluso inicie.

En la primera audiencia del juicio, Ramiro recibió prisión preventiva de cinco meses por el delito de extorsión hasta que la investigación concluyera. El artículo 185, inciso 2 del COIP, indica que, si se extorsiona a una persona de confianza, la pena es de cinco a siete años.

“El problema con la investigación en Ecuador, es que no existen normas claras sobre la aplicación procesal y sustantiva de la norma jurídica, en caso de ciberdelitos”, declaró Matías.

En enero del 2020, en la audiencia de preparación de juicio, el juez Eladio Freire dictó a Ramiro como culpable, pero que no calificaba para el agravante del inciso 2 (relación de confianza), reduciendo la pena y dejándolo libre con otras medidas precautelares antes del juicio. La boleta de excarcelación de Ramiro fue expedida antes que la boleta de auxilio que Nuques solicitó. El victimario vivía a 500 metros de la casa de Isabella.

El aplazo de fechas del juicio de Nuques se desarrolló así:

  • Primera fecha de juicio: 31 de marzo del 2020 (suspendida por pandemia)

Pasan 7 meses

  • Nueva fecha: 29 de octubre del 2020 (suspendido, abogado de victimario se presume enfermo)

Pasa 1 mes

  • Nueva fecha: 27 de noviembre del 2020 (duración: 3 horas; los jueces debían retirarse; se suspende la audiencia)

Pasan 5 meses

  • Nueva fecha: 15 de abril del 2021 (suspendida)

Pasan 3 meses

  • Nueva fecha: 3 de agosto del 2021

“Se han demorado un año y medio desde la preparación del juicio. Si vamos desde la denuncia serían dos años (…) A mí me han revictimizado más de diez veces, pero uno como víctima sigue luchando, quiere llegar a ver a esa persona en la cárcel, con garra y corazón”, dijo Isabella.

Testimonio 2: tratamiento de la víctima

Vigiladas por un ente anónimo en la pantalla

Las vidas de Ivana y Laura no han sido las mismas desde que tenían 17 y 18 años. Ellas y su grupo de amigas tenían una cuenta privada de Instagram sobre la que todas tenían poder, pero una madrugada del 21 de marzo de 2018 perdieron ese control.

“Por medio de publicaciones nos comenzaron a advertir a mis amigas y a mí que la cuenta grupal había sido hackeada. Nosotras no teníamos idea de qué era lo que pasaba”, contó Ivana, ahora de 20 años.

Luego de ello, Laura e Ivana también perdieron el dominio sobre sus cuentas personales de Instagram y Twitter. Desde estas, su agresor publicaba cuándo sería el siguiente ataque y que todo era en contra de Laura. “Así fueron apareciendo fotos mías ‘normales’ que tenía con mi familia y que las tenía guardadas en mis cuentas de Google; fotos que nunca había subido a ningún lado (…) así comenzó todo, por redes sociales”, dijo Laura.

Mediante correos electrónicos que incluían imágenes íntimas de Ivana, amenazaban a Laura, expresándole que si ella no enviaba fotos desnuda iban a subir las de su amiga a Internet. No solo causó presión sobre Laura, sino que la hacían sentir culpable, pues, al no mandar nada, durante toda la madrugada la acusaron de “mala amiga” por permitir que el ataque sucediera; causando que el insomnio, la culpabilidad y el miedo se apoderen de ellas.

El acosador digital cumplió: subió y envío a chicos de su colegio —por mensajes directos— las fotos explícitas de Ivana desde el Instagram hackeado de una de sus amigas. Para su suerte, como ella lo describe, su amiga aún tenía el control de su cuenta y borró inmediatamente los mensajes.

Según Kevin Matías, uno de los principales atractivos del Internet para el acosador es el anonimato; pues este permite separar el “yo” real del “yo” anonimizado para cometer delitos.

Sin embargo, para Diana Maldonado, experta en seguridad informática, ciberactivismo y violencia de género digital, en un contexto político, ve al anonimato como un derecho que no se debería arrebatar a quienes lo “utilizan para bien”; como los white hackers.

Las cuentas falsas en Instagram y Twitter, junto con aquellos correos electrónicos amenazantes, continuaron por tres días, en los que vivieron en una paranoia llena de ansiedad.

***

Lo primero que hizo Ivana al saber que tenían sus fotos íntimas fue escribirle a su expareja, pues solo a él le había enviado imágenes así cuando mantenían una relación. Tras preguntarle si las había eliminado, también le consultó si había borrado aquellas de su antiguo chat de Messenger, pero él lo negó, que se le había olvidado.

Por deducción, Ivana pensó que su ciberacosador había hackeado la cuenta de Messenger de su exnovio. Sin embargo, comentó que al pasar el tiempo comenzó a sospechar de él, pues recordó comportamientos negativos que tuvo con ella. Como la vez en que, tras terminar a inicios de 2017, descubrió que él había ocultado sus fotos íntimas mediante una aplicación, a pesar de que ella le pidió que las borrara.

Ivana declaró también que cuando tenía una relación con él le advirtió que podían hackear esas fotos. Aunque dice tener una fuerte sospecha de que él estuvo relacionado, dijo no estar 100 % segura de que fue él.

En esa madrugada de extorsiones, Ivana llamó al 911 para preguntar sobre cómo denunciar un caso de ciberacoso. Le indicaron que debía acercarse a la Fiscalía La Merced, en el centro de Guayaquil. El 22 de marzo de 2018, le contó todo a su mamá y al día siguiente fueron a esa fiscalía, donde la redirigieron a otra frente al C. C. Albán Borja. Allí registró lo ocurrido, incluyendo capturas de pantalla de todas las amenazas.

“Cuando entregué todo, me dijeron que eso se agendaba y que tenía que esperar a que el juez llame para poder declarar, supuestamente. Nunca más me llamaron y yo tampoco realmente insistí”, recordó Ivana. Ella cesó la denuncia, pues comentó que anhelaba dejar eso en el pasado.

Por otra parte, Laura no denunció. Ella afrontó la situación de otra forma: “Me anulé de mis redes sociales, me anulé de mi celular por todo lo que había pasado y así de traumada estaba”.

Tras esos tres días, no recibieron más alertas de ataques, hasta que ese mismo año crearon nuevamente una cuenta a nombre de Ivana. Durante todo el 2018, la acosaron a Laura de forma intermitente, creando un sinnúmero de cuentas falsas, principalmente en Instagram, difamándola con comentarios sobre su cuerpo que activaban sus inseguridades.

***

A finales del 2019, su acosador compró un chip telefónico a nombre de Laura. De esta forma, consiguió números de niñas entre 15 a 18 años y les escribía por Whatsapp, como si fuese Laura, para que sean sus “modelos” en un nuevo emprendimiento de trajes de baño. Según Ivana, les pedía enviar una foto en ropa interior o traje de baño, a cambio de trajes de baños gratis.

En lo que va del 2021, el uso del nombre de Ivana para diversas situaciones de acoso prevalece. La última vez que se pronunció su acosador fue hace aproximadamente dos meses. Ellas continúan palpando la angustia y la incertidumbre de no saber en qué momento este reaparecerá, alterando por completo sus vidas.

Referencias

Ecos. (s. f.). Acorraladas en la web. https://bit.ly/3clKk5L

Las entrevistas a Isabella Nuques, Katiuska Delgado y Kevin Matías se realizaron el 14 de julio de 2021.

La victimización secundaria (revictimización) es aquella respuesta que da el sistema a una víctima y que hace que esta reviva la situación y vuelva asumir su papel de víctima al tener que testificar en diversas ocasiones, cuando el testimonio se pone en entredicho. Extraído de Save The Childen (https://bityl.co/9fO6).

Entrevista realizada el 12 de julio de 2021

Entrevista realizada el 15 de julio de 2021

Entrevista realizada el 13 de julio de 2021

Hacker ético, o un experto de seguridad informática, quien se especializa en detectar vulnerabilidades y mejorar la seguridad de los sistemas de comunicación e información de una organización

* Estudiantes de Periodismo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad Casa Grande.

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