Explorando la construcción del islam cómo enemigo de Occidente.

septiembre 9, 2021
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Por Daleskha Candel Sarmiento*

El imaginario social está íntimamente ligado con las construcciones de los Estados-nación, y es ese conjunto de Estados democráticos, liberales y a favor del libre mercado los que dictaminan las prácticas de Occidente.

Para Castoriadis (1983) el término “imaginario social” consiste en la creación incesante y esencialmente indeterminada (social-histórica-psíquica) de figuras/formas/imágenes; esto es lo que se denomina ‘realidad y racionalidad’ como obras de esta creación que brindan legitimidad a los discursos de los Estados-nación y permiten la existencia de instituciones de la sociedad civil.

A partir del imaginario social construido y atravesado por la razón de la modernidad como proyecto civilizatorio, se edifica la idea de la nación; que, definida por Anderson (2006), se concibe a su vez cómo “una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana”; con fronteras finitas, porque el Estado soberano es el garante y emblema de esa libertad; y comunidad, pues la nación se concibe a sí misma como un compañerismo horizontal. Simmel (1904) entiende que la búsqueda de un enemigo externo fortalece la cohesión.

En el imaginario social de Occidente, se ha posicionado al islam como oponente directo de su sistema de valores, categorizándolo como enemigo. Milgram (1980) explica que reconocer a una autoridad como legítima, interiorizando los motivos para obedecerla, junto a —según Sherif (1935)— la sumisión al propio grupo, favorecen la aceptación de un determinado enemigo.  Ambos mecanismos se han empleado para elaborar y difundir una narrativa en torno al islam, incorporada en los procesos de socialización de la gran mayoría de ciudadanos de Occidente.

La gramática orientalista ha sido utilizada para formalizar e institucionalizar la construcción del islam como enemigo de Occidente. En dichas relaciones interétnicas se ponen en juego esquemas clasificatorios que siguen una pauta de mutualidad según la cual el uno y el otro se constituyen como una ‘imagen especular negativa’: “El otro carece de lo que es bueno en nosotros”; a su vez: “en ellos está presente (aun) aquello de lo que nosotros carecemos” (Baumann y Gingrich, 2005). De esta forma, se exhibe la relación entre Occidente y Oriente como un paradigma de los procesos de construcción de identidad-alteridad, enmarcado en la gramática orientalista (Said,1978). Si bien Oriente y el orientalismo fueron dominados en el siglo XIX y hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial por Francia y Gran Bretaña, los sustituyó Estados Unidos, país que continuó dichas prácticas (Said, 1990); demostrando que entre Occidente y Oriente existe una relación de poder y de complicada dominación (Said, 1990) que es capaz de constituir, a través de enunciados, al sujeto árabe musulmán desde la visión de una supuesta superioridad occidental.

La consolidación del orientalismo y la exotización del mundo islámico facultaron que el islam, ocupase el vacío creado por la pérdida del ‘Otro’, producto del fin de la Guerra Fría. La Unión Soviética cumplía con las funciones referidas al conflicto, al nacionalismo y a la búsqueda y legitimación de la hegemonía (Tortosa, 1999). Aunque el islam, como entidad única, homogénea y unívoca, no existe ni ha existido, al haber caducado la ‘amenaza comunista’, la retaguardia ideológica que se estableció como equivalente funcional fue Saddam Hussein (Desrues y Moyano Estrada, 1997). La demonización de su figura, a la que él mismo contribuyó como dictador sanguinario, se fundamentó en estereotipos y caracterizaciones repetidas continuamente (Brieger, 2006). Con la aparición de Al Qaeda y el fenómeno del terrorismo internacional, esta idea se materializo con nitidez (Beltrame, 2009).

La postmodernidad y el desarrollo de las industrias culturales intensificaron el “peligro” que el islam representaba para un mundo cada vez más globalizado; llevando a Chomsky (1992) a dictaminar: “Estamos ante un orden mundial nuevo (…), con una sola superpotencia militar, con tres centros económicos fundamentales y con una nueva zona explotable”. Baudrillard (2003) anotó que el atentado del 11 de septiembre fue el primer acontecimiento simbólico de envergadura mundial. Ahora, Oriente Medio es el nuevo tablero geoestratégico donde el petróleo juega un papel fundamental en la construcción de enemigos y la legitimidad de las naciones de Occidente.

Referencias

Anderson, B. (2006). Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Fondo de Cultura Económico. https://bityl.co/8B2M
Baudrillard, J. (2003). Power inferno. Arena Libros.
Baumann, G., Gingrich, A. (eds.). (2005). Grammars of identity/alterity: A structural approach (vol. 3). Berghahn Books.
Beltrame, F. (2009). La construcción occidental de la figura del enemigo islámico. La nueva hegemonía de Estados Unidos. Aposta. Revista de Ciencias Sociales, (42), 1-14. https://bityl.co/8B2j
Brieger, P. (2006). Qué es Al Qaeda. Terrorismo y violencia política. Capital Intelectual.
Castoriadis, C. (1983). La institución imaginaria de la sociedad (vol. 1). Tusquets
Chomsky, N. (1992). Crónicas de la discrepancia. Visor.
Milgram, S. (1980). Obediencia a la autoridad. Un punto de vista experimental. Desclée de Brouwer.
Said, E. (1990). Orientalismo. Libertarias.
Said, E. (1978). Orientalism: Western concepts of the Orient. Pantheon Books.
Sherif, M. (1935). ​A study of some social factors in perception. Archives of Psychology (Columbia University, n.º 187).  https://bityl.co/8B3r
Simmel, G. (1904). The sociology of conflict. I. American Journal of Sociology, 9(4), 490-525. https://doi.org/10.1086/211234
Tortosa, J. M. (1999). El islam ¿enemigo de Occidente? Papers. Revista de sociología, (57), 75-88. https://doi.org/10.5565/rev/papers/v57n0.1967
Desrues, T.  y Moyano Estrada, E. (coord.). (1997). Cambio, gobernabilidad y crisis en el Magreb. Córdoba: CSIC, IESA.

* Estudiante en proceso de titulación de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Casa Grande. Reside en Santiago de Chile y forma parte del Consejo Editorial de la revista Némesis.

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