Poemas en honor a Paulo Freire.

agosto 16, 2022
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Por Daniela Gabriela Lozano Sánchez

Se presentan tres poemas creados por mí que buscan dar a conocer, de manera poética, las pedagogías de Paulo Freire: la del oprimido, de la esperanza y de la naturaleza. Este trabajo es parte del Laboratorio “Política, educación, aprendizajes y contextos: 100 maneras de rendir homenaje a Paulo Freire”, dictado por el docente de la UCG, Daniel Calderón.

Estudiante de primer año de la carrera de Educación Inicial de la Facultad de Ecología Humana, Educación y Desarrollo en la Universidad Casa Grande.
Los poemas están inspirados en mis percepciones autocríticas de las diferentes experiencias personales que he atravesado como estudiante e individuo común en la sociedad; además, he nutrido mis ideas con versos escritos en el pasado de mi autoría y que no había publicado.

El poema del oprimido

I

Quisiera que un águila encantada

apareciera alegre en mi ventana añorada,

me llevase aliada entre alas

y cargue en ella toda culpa que invalida mi alma.

II

Aquella me llevase a la montaña inmarcesible

donde estás tú por las mañanas, donde comienza el alba

donde te aposentas tan alegre y flamante que me pareces un diamante

de sonrisa delirante, que me pone titubeante.

III

Quisiera que esta opresión no me sea desafiante

para no perderme en mi esperanza agobiante,

y no quedarme con los recuerdos perturbables de lo que sentí un día;

más conservar los sueños que construyo contigo noche y día,

para así poder llevarte a una nueva vida; porque, aún te anhelo, todavía.

IV

Para no sentirme entre las sombras

sin que tu aura me cobije,

cada día me levantaré rompiendo todo argumento que contenga sufrimiento,

para que tu aliento sea mi complemento,

en el cual me reanimes a seguir viviendo;

siendo el consuelo de mis sueños donde ya no haya más tormentos.

Para que el silencio no sea mi sustento

y no exista en mí, nunca más, angustias o lamentos.

V

Quisiera que tus brazos me contengan,

aun cuando mi corazón hirviera en hogueras;

para cuando caiga en las verdes laderas,

aquellas pedregosas entre famas vanidosas

que nos roban afanosas las sonrisas cariñosas.

VI

Quisiera quitarme la opresión que a mis pies afligen,

que evitan que a ti me aproxime

cuando quiero invitarte a caminar en el mundo que nos rige,

para así comprobar que eres un alma libre.

Tomemos juntos un pincel y pintemos el cielo

para que ya no existan nubes grises

Nunca más murales tristes.

VII

Yo quisiera romper estos esquemas donde exigen ser perfectos y corrigen

sin matices, haciéndome imposible vivir tal como yo quise.

Para todo esto, yo quisiera un águila que me lleve hacia un cielo iluminado;

ver juntos aquel amanecer de encantos estrellados,

borrando los desiertos sosegados donde no existen desvelos, ni llantos.

VIII

Que todo desencanto desaparezca en mi presencia

para no tener que regresar al entierro de tu ausencia;

así mantener ese fuego vibrante de tus labios rozagantes

y que puedas llenarme de dicha y alegría en vuestra dulce compañía.

El poema de la esperanza

I

Mientras exista un corazón oprimido y agobiado,

cansado de sufrir sin sentirte aliviado,

será ahí que le haré sentir que estoy de su lado.

Mientras el dolor y la falta de empatía se mantengan,

y sientas que hay más culpas que condenas,

y la agonía sea tu compañera;

será ahí cuando este ser enjugará tus penas,

en las que podrás encontrar alivio a este frío dilema.

Mientras la vanidad y el egoísmo predomine,

no dejemos que al débil lo dominen;

porque será ahí cuando despierten a esta fiera

que se encierra a ciegas, en llamas ligeras.

II

Cuando la esperanza te parezca ajena

y pienses que no hay nada más que te sostenga,

es ahí cuando más debemos apegarnos firmemente a ella.

La esperanza no muere, la esperanza avanza,

se reinventa solo para el que la sienta

más cerca y la alcanza.

Aquellos que mueran entre miles de hogueras,

les pesará cargar un alma a cuestas,

que entre paso y paso se siente sedienta

en busca de justicias inciertas.

III

La esperanza se vuelve embustera y andariega,

buscando a quien cautivar con sus morfemas.

Por esa razón, la esperanza es arriesgada.

A cada rato se encuentra entre trincheras

de las almas que aclaman; y, aun así,

no pierde sus alas doradas.

Su fe no se pierde sin treguas,

pues ella entiende que los pobres sufren, los ricos ganan.

Consigo así, la fe no muere, la fe se gana,

pues imposible no perder las esperanzas,

pero es de valientes el levantarse sin perder la añoranza.

IV

Aun cuando tu carne esté seca

y sientas que el sol calienta más de lo normal,

no te dejes vencer por la tempestad.

Aunque te toque empezar nuevamente una y otra vez,

no te detengas a recoger lo que dejaste caer.

Incluso cuando tengas que mudar tu piel continuamente,

no se lo digas a nadie, para que nadie tenga de donde aferrarse;

limitándose a correr en valles inseguros

entre los miedos de sable.

Aun cuando la esperanza parezca inútil,

no dejes de creer, porque eso es lo último que debes de perder.

Agarrarse de ella es avanzar sin dejar de crecer.

V

Mientras la esperanza siga en pie de guerra,

no habrá quien te detenga entre barreras;

pues será tu mejor aliada,

será esa arma indestructible

forjada para así poder romper las barricadas.

Terminar con el esquema que han creado ciertos canallas

para mantenerte entre valladas.

Tú serás tu mejor guía y modelo,

porque solo tú encontrarás tal anhelo.

Tú eres la esencia que pintas murales

y la calma de todos mis males

Tú eres la niña que yo admiro, por eso te llamo “esperanza”.

Y antes de que te contamine la codicia

y esta destruya tu imagen,

no dejes que te alcance la desesperanza.

 

El poema de la naturaleza

I

Despertar cada día, levantarme cada mañana

para poder observarte a ti, bella amada,

es el placer más grande para mi alma.

Es vanidosa la confianza, es incierta la esperanza,

pero eres tú a quien anhela mis ansias.

Encantadora e irreverente, es sutil tu humanidad;

no hay quien se resista ante tu majestad.

Entre la brisa suave se esparce tu encanto,

entre tus lienzos frágiles se envuelve tu manto.

II

Es profunda la belleza que enmarca tu grandeza,

las fervientes fortalezas que construyes con firmezas,

la sublime compañía que otorgas con franqueza.

Eres tú la más bella de entre todas las doncellas.

En ti construyo cada día un nido de alegría

que crece lleno de hidalguía,

forjando lazos de pureza que empoderan nuestra esencia.

Das vida, provees alimento.

Como no amarte si eres el más grande sustento.

Con solo mirarte, observo tu encanto,

pues es verde tu manto que abriga los campos.

III

No es fácil controlar lo que embelleces,

pues tu esplendor enternece.

Eso es lo que ennoblece a cientos de personas

que te miran muchas veces.

Ese estigma que creas en mí se llama “confianza”,

mientras te recorro cuando estoy descalza;

cuando observo ese velo

que se desvanece en el firmamento

y luego trasciende a un fresco celaje

que nutre a las montañas, ríos y mares.

Bajo un cielo inminente,

hay un mundo irreverente

que se muestra prominente a lo lejos existente;

que envuelven toda magia, que en mis ojos reverdece.

IV

Es natural la hermosura que posees.

Engalanas cada espacio con una suave luz que,

al simple destello, se ve un verde santo.

Y si nunca miran al cielo,

no podrán sentir la lluvia que muestra tu llanto.

Aunque la primavera es tu sonrisa,

es mágica la alegría que brindas, verde mío;

sin embargo, el verano es sentir un cálido abrazo

que otorgas en cada regazo.

El invierno es tu tristeza que se siente cual melancolía.

El otoño es tu cambio de piel

para deshacerte de todo mal cuando se reinicia la vida.

V

¡Tú eres la Tierra!,

matriz donde surgen nuevos campos,

donde crece la fuerza necesaria

para romper los quebrantos.

En tu fibra se surcan las raíces que unen lugares;

donde se cultiva la planta

que formarán nuevos umbrales.

¡Oh, naturaleza!

Tú, que muestras los matices;

es grandiosa y primorosa tu bondad

cuando en tus hiervas juegan las perdices.

VI

Tú, que brindas regocijo a cada corazón,

tú eres la madre que alimenta a cada nación,

porque en ti crece la riqueza que nutre la vida,

en ti se cultiva la inmensa armonía.

Mientras pueda verte florecer en cada primavera,

sabré que tu amor rompe toda barrera;

aun cuando te sientan como una fina brisa

que se confunde con el tímido viento

y, sin querer, te sientan volar

entre las penumbras del alma

donde te escuchan llorar en silencio sin calma.

VII

Si tu esencia es ser libre y tu karma es la libertad,

que todo lo que en ti crezca sea de mucha prosperidad.

La simplicidad de vivir está en ser positivo,

perdonando y amando para no seguir odiando;

por tal razón, siempre serás esa paz que todo hombre necesita.

Tan solo con mirarte, sabrán que eres arte.

Siempre serás un espíritu libre

que no se deja dominar por nadie,

porque en ti se cultiva la paz inquebrantable.

VIII

En tu Tierra se muestra bonanza

y la templanza inmensurable

que reboza esperanza.

Para el cuerpo que te sienta, eres savia inagotable.

Tus surcos te protegen de toda mano incontrolable,

pues existen seres que se rehúsan a valorarte.

IX

¡Oh, naturaleza!,

entregas tu amor sin reservas y sin balanzas.

Cada dádiva que tú das,

se muestra en los rostros de los niños

que en ti se divierten sin parar.

Eres fuego que vislumbra de alegría

dando brincos de fe y armonía;

promulgas melodías hacia una vida donde eres

la reina de mis fantasías.

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