Túnel del amor.

diciembre 28, 2021
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Cuento

Por Boris Cucalón Lucas*

Fragmento reducido de la metáfora Túnel del amor, de mi autoría.

De repente, despiertas un día en un lugar nada familiar. El ambiente parece denso y los alrededores no se pueden definir bajo la absurda oscuridad. Deduces que es un mundo completamente distinto al que siempre estuviste acostumbrado, por lo cual la soledad empieza a definirte y la preocupación aumenta. En tu cabeza solo ronda la duda de qué haces en ese sitio y cómo llegaste a él.

Empiezas a rebobinar ideas y momentos tratando de entender cómo ese es tu nuevo paradero. Un montón de destellos de felicidad, reflejados en una sola persona, abruman en medio de tantos recuerdos modestos. Verlos te alivia, te tranquiliza e, incluso, produce una sonrisa en tu rostro. Aprovechando esa calma, observas tu entorno para asegurarte de que tu estadía será formidable. Una suave y cómoda sensación percibes al tocar algo; a primera instancia, se siente similar a una cama. Sentarse en ella parece preciso para sondear los alrededores poco a poco…

Han pasado semanas y has encontrado todo lo necesario para llevar una vida tranquila y agradable. No existe ninguna necesidad básica que no haya sido cubierta con todos los artículos a tu disposición en esa extraña penumbra. Sin motivo o razón, este nuevo lugar se empezó a sentir más que cómodo, acostumbrarse a la soledad no parecía ser algo negativo. Todas esas horas reflexivas parecían convencer sobre la tranquilidad vivida a diario. Ya no era relevante cómo llegaste ahí o cuál era el propósito de introducirte en esa extraña rutina de vida; sin embargo, ya estaba decidido: vivir ahí era la nueva realidad.

Cuando todo estaba ya aceptado, surgió un cambio completamente inesperado mientras dormías. Poco a poco, a muchísima distancia, empezó una tenue luz a surgir. Habían transcurrido semanas sin que tus ojos percibieran la luz; intentar ver directamente a ella duele. Sin importar la aflicción, tratas de entender lo que parece ocurrir a cientos de kilómetros. El temor surge de nuevo. No comprender este hecho te desespera; prefieres acostarte nuevamente. Taparte los ojos con el cojín rojo a la derecha parece ser la mejor opción.

Espera… Ahora el color ha regresado. Los oscuros objetos, repentinamente, empiezan a ser diferenciables fuera de la escasa tonalidad. ¿Será esto momentáneo o será una nueva parte del desafío? Son preguntas que rondan en tu cabeza mientras presionas el cojín contra tu rostro. Entonces, esperas unos minutos para volver tu mirada hacia la luz y así adaptar tu visión de manera progresiva.

Si fue difícil aceptar lo que había surgido de manera inesperada, ahora, un destello de luz solo crearía más confusiones, pero la curiosidad ahora se destapa más que nunca. En donde quieres saber el origen de todo, y la luz al final, de lo que ahora puedes definir como túnel, por el redondeado techado.

La intensidad de la luz es demasiada fuerte, y tu decisión de caminar hacia ella fue tomada. Caminar prácticamente a ciegas, por la saturación en tus ojos, es doloroso. Los tropiezos sobran durante toda la trayectoria, en los escasos momentos de visualización puedes ver el resultado de dichas heridas y extraños objetos con los cuales solo hieres distintas partes de ti.

Sin saber cómo, sientes que vas llegando a tu destino, cuál, no lo sabes. De repente se empieza a escuchar una ambientación distinta. Así es, ruido de distintas partes, te cuesta aún ver, pero poco a poco parece que tu visión se adapta. El dolor es profundo e inexplicable, te costó mucho llegar ahí, e incluso empiezas a dudar de tus decisiones.

La adrenalina opaca tus verdaderas preocupaciones y desesperadamente intentas ver tu luz “idílica” … Y es ahí donde te percatas que existen más personas disfrutando de esa luz, pero tú no puedes deleitarte de ello. Extrañas el túnel de forma eufórica, era un espacio oscuro y denso, pero no tenías ni la mitad de las heridas que tienes ahora.

 Mientras más pasan los días solo valoras cada detalle que tuviste en el túnel, por lo que la mejor decisión parecía apartarse de todo y todos. Vives en un mundo donde todos disfrutan la luz y tú solo ves cómo todos la tienen.

* Estudiante de segundo año de la carrera de Marketing de la Facultad de Comunicación de la Universidad Casa Grande (UCG).

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