Una caverna moderna.

julio 7, 2021
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Por Malena Zambrano*

Cuando decidí escribir para esta revista, pensé en motivarme a hablar sobre algo que nos está pasando a muchos estudiantes y visibilizar un problema del que poco se habla.

Ser una estudiante universitaria en plena pandemia, en un país de Latinoamérica, te provoca ciertos cuestionamientos: ¿en qué voy a trabajar si están despidiendo a todos?, ¿por qué ya no tengo ganas de hacer nada?

La realidad es que ahora nos encontramos en una pandemia y la precariedad laboral, en conjunto con los despidos masivos, se han convertido en el pan de cada día. Semana tras semana hay una manifestación distinta en las afueras de Carondelet, exigiendo pago de sueldos, garantías laborales y una respuesta real de parte del gobierno, pero en su mayoría, no hay respuestas (España, 2020).

Este panorama, más allá de ser desalentador, debe ser ignorado al momento de encender la computadora y seguir estudiando. Llega el punto en que toca buscar la motivación debajo de la almohada, para despertar y continuar trabajando en época de crisis. Las clases se han convertido en un panóptico, porque al estar en la cama o en el celular, se repite en tu mente la frase: “Ponte a hacer algo, estás perdiendo el tiempo”; pero ¿cuál tiempo? Se supone que el tiempo se da cuando existe una secuencia de hechos, y para calcularlo también se debe medir la distancia; entonces, ¿qué distancia mido si todo lo hago desde mi casa?

El tiempo, en conjunto con el espacio, han sido invadidos. El espacio personal se fusionó con el educativo para reproducir una lógica de producción perversa (Wanschelbaum et al., 2020). Ya no se trata solo de estudiar sin motivaciones, sino de mantenerte competitivo para no perder la carrera.

El problema es que estamos en una caverna al puro estilo platónico, donde cada persona tiene su módulo personalizado. No solo desconozco realmente qué causa esa competencia, sino que también estoy observando sombras de lo que estoy ganando; eso si se asume que la competencia me mejora como sujeto trabajador. Pero ¿qué tal si no lo hace?, ¿qué tal si ver tantas manifestaciones, gente vulnerable y un gobierno despreocupado me afecta?, Pues, en ese caso, no me perfecciono, empeoro y no soy productivo.

Por otro lado, quienes no cuentan con una caverna virtual, sufren consecuencias, debido a motivos estructurales. Ecuador posee garantías constitucionales que en la pandemia se han visto golpeadas, como ocurrió con la educación. En nuestro país, solo el 45,5% cuenta con acceso a Internet desde sus hogares (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos [INEC], 2019), por lo cual, con el traspaso de las clases a la modalidad online, miles de estudiantes de todos los niveles se vieron afectados, y nuevamente el gobierno permanece entre las sombras, sin dar comentarios al respecto. 

Puedo decir que nos encontramos en una película, versión de terror, de Wall-e, combinado con una caverna virtual de hiperproductividad que no deja espacio para la empatía, valor que, desde las instituciones universitarias, se ha desdibujado. Tal es el caso, que se han filtrado vídeos de profesores mexicanos siendo completamente autoritarios al recibir quejas o comentarios de los estudiantes, quienes los han amenazado con reprobarlos (Redacción El.comercio.com, 2020) o bajarles la nota, por no someterse al orden que quieren mantener en el aula virtual (Diario El Tiempo de Colombia, 2020). 

 

De esta manera, los estudiantes no solo se encuentran encadenados a sus dispositivos, sino que también están controlados por las figuras de autoridad de la institución, por lo cual estos últimos se convierten en el renovado ente normalizador.

Recapitulando, la modalidad online se ha convertido en un ciclo vicioso en el que las clases son recibidas desde un espacio impuesto dentro de lo personal, en el cual el tiempo dejó de existir y donde también nos tenemos que mantener concentrados, eficientes y competentes, a pesar de que todas las instituciones se encuentran en un jaque simbólico. 

El Estado no está respondiendo a las demandas nacionales, las instituciones universitarias, en algunos casos, parecen mantenerse rígidas y esquivas a las críticas de sus estudiantes, y, por último, las motivaciones del sujeto productor cada vez son más escasas, a tal punto que lo convierten en un esclavo de su caverna.

Irónicamente, la pandemia dejó ciertos conceptos en crisis, pero, al mismo tiempo, fortaleció las desigualdades y relaciones de poder verticales, las cuales terminarán reproduciendo el mismo orden de siempre, solo que con otro nombre: la nueva normalidad, le dicen algunos.

Referencias

Redacción Elcomercio.com. (24 de septiembre de 2020). Despiden a profesora universitaria en México por maltratar a sus estudiantes en una clase virtual. El Comercio. https://bit.ly/34X5uEA 

Diario El Tiempo de Colombia. (21 de octubre de 2020). Profesor universitario le dijo “burro” a estudiante con síndrome de Asperger. El Comercio. https://bit.ly/2JtbCMi 

España, S. (26 de agosto de 2020). La pandemia deja al 83% de los trabajadores en Ecuador en el desempelo o con condiciones precarias. El País. https://bit.ly/367b722 

Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. (2019). Tecnologías de la información y comunciación. https://bit.ly/329AQpp 

Wanschelbaum, C., Aguirre, J. M., Ferreirós, F. J., Morandi, A. P. y Mamani, A. (2020). Reflexiones políticas y pedagógicas desde la universidad en tiempos de pandemia. Universidad Nacional de Luján. https://bit.ly/2HXVO3v 

* Estudiante de tercer año de la carrera de Ciencias Políticas de la Facultad de Administración y Ciencias Políticas de la Universidad Casa Grande (UCG).  

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