Violencia de género: historias calladas durante la pandemia.

julio 30, 2021
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Por Diana Sotomayor 

“Uno sobrevive al darse cuenta de que es humano y que hay cosas que no pueden romperse, hay cosas que no se pueden permitir, porque no son amor” expresó la Ph. D. Miriam Estrada durante su intervención, el 26 de septiembre, en el evento “Libros humanos – Edición: mujeres, violencia en pandemia”, proyecto realizado por estudiantes de Casa Grande en proceso de titulación. 

Alrededor de cien espectadores estuvieron en este espacio, donde seis mujeres narraron sus historias de denigración, maltrato y humillación, las cuales, sin embargo, resultaron esperanzadoras, gracias a la valentía con la que contaron sus experiencias.

Patricia Bermúdez – Resiliencia: honrar la vida y hacer justicia

Inició su relato con un escenario recurrente en su infancia: las olas del mar que besaban la arena de la playa próxima a su hogar en Ayangue, y la protección de su familia. Contó cómo su inocencia se vio manchada cuando a los cinco años fue abusada por un hombre en una sala de cine, pero se vio incapaz de hablar al respecto. Ahora no se calla, no después de que la misma violencia de género le arrebató a Adriana, su hija, y a Santiago, su nieto. Mientras los busca entre sueños, se enfrenta a un sistema de justicia insensible, negligente, que se estanca, que revictimiza y beneficia al agresor. Se aferra a la ayuda del Centro ecuatoriano para la promoción y acción de la mujer (CEPAM) para continuar con su lucha, y a la esperanza de que algún día su esfuerzo rendirá frutos para honrar la paz de los muertos y de los que quedan vivos.

Odalys Cayambe – Fortaleza: activismo, dignidad, batalla

“La hazaña de nosotras día a día es subsistir” aseveró Odalys Cayambe, activista por los derechos de las personas LGBTIQ+. Su historia comenzó a los diez años, defendiendo su feminidad. Debido a que la homosexualidad era ilegal en el Ecuador, a los once empezó a ejercer la prostitución, para sobrevivir, y estuvo bajo esa represión hasta finales de los años 90, cuando fue despenalizada. Entonces, decidió incurrir en el servicio de la peluquería. Tuvo altos y bajos, pero durante la pandemia, su esfuerzo fue arrebatado al negársele el alquiler de un local por tener un mes de atraso con el pago. Afirma que, pese a que existen leyes, el Estado solo les ofrece a las mujeres trans el trabajo sexual y el estilismo como profesiones. Ella lucha por los derechos que les corresponden como ciudadanas ecuatorianas, independientemente de su forma de pensar, vestir o su inclinación sexual: porque existen, porque son realidad.

Neurali Corozo Ayoví – Autoestima: lucha, corazón y brazos abiertos

Neurali abandonó su natal Esmeraldas y llegó a Guayaquil, motivada por la esperanza de recibir un mejor sueldo como empleada doméstica. Se estableció en la casa de una prima y consiguió un trabajo, pero pronto se quedó sin un techo; le pidió a su patrona que le dejara dormir en el baño de su casa, sin colchón, sobre dos sábanas. Eventualmente, consiguió otros empleos en los que fue discriminada y humillada, no conocía sus derechos en aquel entonces, pensaba que quizás era así por ser negra. Con la ayuda de la asociación de las trabajadoras remuneradas del hogar, ganó una demanda contra sus exempleadores, por el abuso. Sus compañeras le ayudaron a fortalecer su autoestima y poco a poco le devolvieron su valor como ser humano.

Marianela Febres Cordero – Valentía: rompamos el silencio

Marianela tiene 22 años y es estudiante de ciencias empresariales. El acoso –lastimosamente normalizado por la sociedad– se ha vuelto parte de su vida cotidiana, ya sea cuando sale a caminar o a pasear al perro; sin embargo, los piropos y los besos volados que no pidió mutaron una noche de cuarentena, al recibir el mensaje de un desconocido que después de darle detalles sobre la vida de ella, le envió una imagen de sus genitales. El acoso no se detuvo, sino que el sujeto creaba cuentas falsas, y pese al temor, Marianela decidió hablarlo con sus padres. Aconseja no callarse ante estas situaciones, porque restarle importancia es darle poder al agresor.

Paulette Kozisek – Maternidad: disciplina, amor y amabilidad

Pese a cualquier pronóstico, la prueba de embarazo salió positiva y Paulette se enamoró del latido del corazón de su hijo. Quería tener un parto humanizado, y su salud se encontraba en óptimas condiciones, pero cuando la pandemia llegó, la violencia obstétrica se hizo presente. Era madre primeriza y no hubo empatía por parte de los doctores que llevaban sus controles. Buscaba respuestas y solo obtenía más preguntas. Reconoce que la maternidad no puede ser romantizada, es difícil, y el proceso médico no suele ser perfecto, pero el amor maternal sí lo es. Ahora educa a su hijo con amor y firmeza, con la esperanza de que se convierta en un hombre que respete la vida de las demás personas y defienda los derechos.

Daniela López – Una mano amiga

La protagonista de esta historia tuvo que abandonar el proyecto por su seguridad. Ella fue integrante del equipo “Libros Humanos”; le prestó su voz para contar su historia. Se trata de una mujer que sufre de violencia psicológica por parte de su expareja. Logró conseguir una boleta de auxilio, sin embargo, el sujeto hizo caso omiso y permaneció en el hogar. Intentaron ayudarla por medio del programa “Amiga, ya no estás sola”, pero perdieron el contacto con ella, por lo que no se logró mucho. Es difícil abandonar el ciclo de abuso, y el acompañamiento en esta fase es primordial; sin embargo, la decisión de romperlo es únicamente de la mujer, debe comprender que el amor no está representado por golpes y humillaciones.

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